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Un medicamento me quitó la audición. Un implante coclear me la devolvió.

miércoles, octubre 28, 2020

A finales de los 80 y principios de los 90, los implantes cocleares empezaban a ser más conocidos. Recuerdo haber visto en la televisión a una pareja de adultos mayores que eran sordos y ciegos. A ella le colocaron un implante y escuchó la voz de su esposo por primera vez. Esa fue mi primera impresión sobre los implantes cocleares.

Two older men and one younger man join in a hug while smiling at the camera

El comienzo

Tuve otosclerosis desde los 30 años. Se trataba de calcificación de los huesecillos del oído medio que impedía su libre movimiento y la correcta conducción del sonido hacia el oído interno. Para corregir la pérdida de audición causada por la otosclerosis, me hicieron una estapedectomía en el oído izquierdo. Lamentablemente, debido a un accidente ocurrido pocos días después de la cirugía, perdí completamente la audición en ese oído. En ese momento, podía arreglármelas con un audífono en el oído derecho, que solo presentaba una pérdida auditiva leve.

Cuando tenía 53 años, me sometí a una cirugía de bypass cardíaco. Mi cardiólogo me recetó neomicina, un antibiótico, para el colesterol. En ese momento no sabía que la neomicina es muy ototóxica, es decir, que puede causar pérdida auditiva. 

El medicamento que tomaba para controlar mi colesterol fue destruyendo poco a poco la audición que me quedaba, hasta que quedé sordo.

Henry Jason Klein, escucha con un implante coclear

La tomé durante ocho años y comencé a notar más dificultad para oír: primero al hablar por teléfono y luego en las conversaciones cotidianas. El medicamento que tomaba para controlar mi colesterol fue destruyendo poco a poco la audición que me quedaba, hasta que quedé sordo.

Cuando comencé a notar que mi pérdida auditiva empeoraba, acudí a la Clínica de Audición de la Universidad de Maryland para una evaluación. El otorrinolaringólogo me sugirió un implante coclear y mencionó que un colega suyo, un médico en Nueva York, realizaba ese tipo de cirugía. Me explicó que tendría que viajar a Nueva York para el procedimiento. Sin embargo, en esa misma época a mi esposa le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer Así que decidí no hacerlo.

Como Director General de una empresa de electricidad, necesitaba poder comunicarme. Por eso utilicé un servicio de retransmisión para las llamadas telefónicas y adquirí teléfonos con subtítulos tanto para mi casa como para la oficina. Tomé clases de lectura labial y usaba un audífono corporal. Tenía que mirar a las personas de frente y leerles los labios para poder mantener una conversación. La comunicación entre mi esposa y yo fue sumamente difícil, por decir lo menos. Pero descubrimos que la perseverancia, la determinación y el amor lo pueden todo.

Una segunda oportunidad

Para cuando tenía 73 años, las cirugías de implante coclear se habían vuelto más comunes y exitosas, y cada vez más hospitales comenzaban a realizarlas. Así que, a comienzos de 2002, empecé las pruebas de pre-evaluacion en Johns Hopkins para recibir un implante coclear y fui aprobado como candidato. El 30 de mayo de 2002 me colocaron el implante en el oído derecho, en una cirugía realizada por el ya fallecido Dr. John Niparko, un reconocido pionero en el campo. Elegí Advanced Bionics porque me gustó la variedad de opciones de uso del procesador de sonido.

Pensé que, como me había quedado sordo en una etapa tardía de mi vida, sería pan comido adaptarme a mi nuevo implante. Sin embargo, pronto aprendí que oír con un implante era más como reprogramar mi cerebro para oír, y no simplemente tener un audífono nuevo. Empecé a escuchar sonidos inmediatamente después de la activación. Pero me tomó varios meses y muchos ajustes de programación antes de poder aprovechar realmente lo que estaba oyendo. Tal como me dijo la audióloga, cuanto más lo usaba, más rápido veía mejoras.

Mi primera gran sorpresa una vez que lo activaron fue oír el tictac del reloj y las uñas de mis perros rasguñando el suelo. Pero ahora, tener un implante coclear me ha devuelto la vida a un 98% de normalidad. Las situaciones ruidosas y las personas que murmuran son todo un reto, pero con un poco de paciencia y planificación previa, las dificultades de comunicación suelen superarse. Lo que más me ha ayudado es decirle a la gente que no conozco que tengo un implante. 

Ahora tengo 91 años. En retrospectiva, ponerme un implante coclear fue, sin duda, la mejor decisión. Es como si hubiera podido dar un salto al futuro.

Henry Jason Klein, escucha con un implante coclear

Una segunda oportunidad

Ahora tengo 91 años. En retrospectiva, ponerme un implante coclear fue, sin duda, la mejor decisión. Es como si hubiera podido dar un salto al futuro. Ojalá lo hubiera hecho antes. Estuve sordo durante seis años antes del implante. Durante esos seis años ocurrieron cosas que nunca oí. 

Además de tomar medidas cuando sepas que necesitas ayuda, asegúrate siempre, siempre, de saber los efectos secundarios de los medicamentos y suplementos. El viejo refrán dice "el remedio puede ser peor que la enfermedad". En mi caso, había algo de verdad. Lee siempre la letra pequeña y pregunta al médico y al farmacéutico antes de empezar a tomar un nuevo medicamento. Incluso pequeñas dosis pueden causar daños.

three mature people, two men and one woman, happily pose for a picture in a parking lot
Henry Jason Klein
Written by Henry Jason Klein

Henry Jason Klein

Henry Jason Klein is a native of Washington, D.C. He attended the Catholic University and University of Maryland. Besides three years of service in the U.S. Army, he worked as an architectural model maker and electrical contractor, serving as the CEO of A/C Electric Company, Inc. He was married for 55 years until the passing of his wife in 2005. Henry has two children and lives in Kensington, Maryland. 

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